Los hinchas rosados debemos sentirnos agradecidos y orgullosos por el segundo
puesto logrado en el Apertura. Especialmente, por las condiciones en que se logró.
En primer lugar, la misilera afrontó el Apertura con un equipo joven, que cuando la
ocasión lo requirió, supo sacar fuerza de flaqueza y se comportó a la altura de las
circunstancias.
También, porque a pesar de la dramática situación económica del club, y la falta de
pago de varios meses de sueldo, los muchachos jamás perdieron la motivación y salieron
siempre dispuestos a brindar lo mejor de sí por el Callao y por el Boys (es justo
también reconocer que ésto fue posible en gran parte gracias
al carisma y la determinación del entrenador, el profesor Mifflin, quien supo inclulcar
ese estado de ánimo en sus jugadores).
Y en tercer lugar, porque supieron sobreponerse al bajón futbolístico sufrido al final
de la primera rueda y a mitad de la segunda, y enfrentar con valentía y humildad el resto
del campeonato, a pesar de las críticas (a veces justas) de la hinchada y de un sector
del periodismo que busca siempre hacer leña del árbol caído.
No se logró el título, pero se consiguió un segundo lugar que nos coloca en una
situación expectante, y que nos llena de orgullo. Una vez más, la historia y la
tradición del Sport Boys han sido puestos muy en alto por un grupo de muchachos que hizo
del amor a la camiseta y del orgullo profesional los ingredientes más efectivos para
vencer las dificultades y cosechar el ansiado triunfo.
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